jueves, 1 de febrero de 2007

3 meses...¡¡¡3!!!

3 meses.... y a éstas alturas necesitarías un monumento.


Todo el mundo sabe que la vida de las nubes es muy agitada, pero también muy corta.

Una joven nube nació en medio de una gran tempestad en el mar Mediterráneo. Pero casi no tuvo tiempo de crecer allí, pues un fuerte viento empujó a todas las nubes en dirección a África. No bien llegaron al continente, el clima cambió: un sol generoso brillaba en el cielo y abajo se extendía la arena dorada del desierto del Sahara. El viento las continuó empujando en dirección de los bosques del sur, ya que en el desierto casi no llueve. Entretanto, así como sucede con los jóvenes humanos, también sucede con las jóvenes nubes: la nuestra decidió desgarrarse de sus padres y de sus más viejos amigos para conocer el mundo.
- ¿Qué estás haciendo? - le preguntó el viento. - ¡El desierto es todo igual! ¡Regresa a la formación y vamos hasta el centro de África, donde existen montañas y árboles deslumbrantes!
Pero la joven nube, rebelde por naturaleza, no obedeció. Poco a poco fué bajando de altitud hasta conseguir planear en una brisa suave, generosa, cerca de las arenas doradas. Después de pasear mucho, se dió cuenta de que una de las dunas le estaba sonriendo. Vió que ella también era joven, recién formada por el viento que acababa de pasar, y al momento se enamoró de su cabellera dorada.
- Buenos días - le dijo - ¿Cómo se vive allá abajo?
- Tengo la compañía de las otras dunas, del sol, del viento, de las caravanas que de vez en cuando pasan por aquí. A veces hace mucho calor, pero se puede aguantar. ¿Y cómo es vivir allá arriba?
- También existen el viento y el sol, pero la ventaja es que puedo pasear por el cielo y conocer muchas cosas.
- Para mi la vida es corta - dijo la duna - cuando el viento vuelva de las selvas desapareceré.
- ¿Y eso te entristece?
- Me dá la impresión de que no sirvo para nada.
- Yo también siento lo mismo. En cuanto pase un viento nuevo, iré hacia el sur y me transformaré en lluvia. Mientras tanto, ese es mi destino.
La duna vaciló un poco, pero terminó diciendo:
- ¿Sabes que aquí en el desierto decimos que la lluvia es el Paraíso?
- No sabía que podía transformarme en algo tan importante - dijo la nube orgullosa.
- Ya escuche varias leyendas contadas por viejas dunas. Ellas dicen que después de la lluvia, quedamos cubiertas por hierba y flores. Pero yo nunca sabré lo que es eso, porque en el desierto es muy difícil que llueva.
Ahora fué la nube la que vaciló, pero enseguido volvió a abrir su amplia sonrisa.
- Si quieres, puedo cubrirte de lluvia. Aunque acabo de llegar, me he enamorado de tí y me gustaría quedarme aquí para siempre.
- Cuando te vi por primera vez en el cielo, también me enamoré - dijo la duna - pero si tu transformas tu linda cabellera blanca en lluvia, terminarás muriendo.
- El amor nunca muere - dijo la nube - se transforma. Y yo quiero mostrarte el Paraíso.
Y comenzó a acariciar a la duna con pequeñas gotas. Así permanecieron juntas mucho tiempo hasta que apareció un arco iris. Al día siguiente la pequeña duna estaba cubierta de flores. Otras nubes que pasaban en dirección a África pensaban que allí estaba la parte de bosque que estaban buscando, y soltaban más lluvia.
Veinte años después, la duna se había transformado en un oasis, que refrescaba a los viajeros con la sombra de sus árboles. Todo porque un día, una nube enamorada, no había tenido miedo de dar su vida por amor.

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