lunes, 1 de enero de 2007

2 meses

A pesar de la espera
llegaste, aquella vez, de manera inesperada.
Borraste las estrellas de la noche
y la cópula del ron con mi garganta
Sin protocolos absurdos.
Como has sido siempre.
Grabaste tu mirada en mi memoria.
Tu juventud plena,
explosiva, fresca, irreverente,
inconmensurablemente admirada,
y el perfume dulce de tu piel
mandaron al diablo las convenciones,
los miedos absurdos, las desconfianzas,
las etiquetas sociales
y nuestras voces se unieron
en un diálogo pleno
que despidió el pasado
y desbordó el presente.
La espera fue importante:
perpetuarse ya ese momento
en las mejores páginas
de mi historia.
Gracias por este sueño inquietante que sembraste en mi corazón.


No me importa mostrarme débil mientras escribo,
si aún no soy fuerte, ni nunca lo he sido.
No he aprendido a amar como aquí juegan,
yo amo con los codos, con el sueño, con la voz.
No tengo objeción en no ser correspondida.
No me importa cuánto vivan mis amores,
yo amo mientras dura, mientras puedo,
mientras se vacía el vaso y emprendo mi camino.
No entiendo cómo aman los humanos,
por eso estoy aquí contigo,
por tu duda, por todo lo que no sabes ni averiguas,
por todo lo que das sin saber siquiera que tuviste.
Amo tus alas, tus vuelos, tus caderas
donde termina mi noche, mi nostalgia.
No me importa que no entiendas que te amo,
que dudes y llores y preguntes y reclames.
Yo te amo... mientras dure.

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